miércoles, 2 de enero de 2008

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A partir de ahora, voy a centrar los contenidos de Candelero en la reflexión y el comentario de lecturas. Por lo general, los puntos de partida seguirán siendo los mismos, probablemente: textos literarios, tradicionales, religiosos o de cualquier otra fuente, que me sirvan de apoyo para reflexionar, interpretar, sugerir. Como siempre, sin grandes pretensiones y sin demasiados límites preconcebidos.

Mi intención a la hora de comentar textos no es otra que reflexionar y expresar los sentidos que encuentro en lo que leo. Si algo de lo que escriba puede servir a otros o arrojar algo de luz, mucho mejor, pues para eso sirven las palabras. En todo caso, no sería gracias a mí sino a la propia luz; por lo mismo, pido al lector que tampoco se tome demasiado en serio lo que aquí se diga, ni para bien ni para mal, aunque eso no depende de mí. He de decir, en este sentido, que no busco defender una postura cualquiera contra otras (ni mucho menos tener la razón), sino sólo aportar lo que buenamente pueda, con una actitud de diálogo y con toda la honestidad de la que sea capaz. Es evidente que esto no siempre es posible, o no siempre tiene uno la suficiente luz como para dar con las palabras, el tono o la dirección adecuados. De cualquier forma, creo que quien escribe (y quien lee) ha de tener en cuenta que las palabras son ni más ni menos que eso: palabras. Las palabras son dedos que apuntan a la luna, pero no son la luna; si te agarras al dedo, te pierdes la luna.

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