jueves, 28 de febrero de 2013

Liberarse de las palabras

«Dado que disponemos del poder de la palabra y de la capacidad de entendernos con los demás por ese medio, deberemos recurrir a las palabras. Pero la palabra es un material rebelde. Mientras las palabras se mantienen bajo nuestro control, todo va bien, pero en ocasiones somos demasiado propensos a dejarnos dominar por ellas, y cuando las palabras nos esclavizan nos convertimos en unos perfectos estúpidos.»

D. T. Suzuki, "El espíritu del Zen" (1936).

Las palabras son dedos que señalan la luna. El dedo que señala la luna no es la luna. Las palabras pueden apuntar hacia la realidad, pero no son la realidad. Los seres humanos, sin embargo, estamos enganchados a las palabras, y nos perdemos la luna. Es comprensible, puesto que vivimos en la cultura, y la cultura es lenguaje. Vivimos en un mundo construido con palabras. En ese nivel mental nos movemos, y no habría ningún problema en ello, si no perdiéramos el contacto con nuestro cuerpo y con ese mundo real de cuerpos y energías, y unidad e interconexión en el que de verdad vivimos. Por eso hace falta todo un aprendizaje (o un desaprendizaje) para volver a colocar a las palabras en su lugar y poder vivir en armonía sin desecharlas, pues facilitan mucho la relación.

Los filólogos son, por definición, amantes de las palabras. Las palabras pueden ser muy bonitas, fascinantes, cautivadoras y sugerentes, no sólo en sus significados, sino también en su simple sonoridad. Tal vez el verdadero amor a las palabras debería pasar, no por estudiarlas, analizarlas, diseccionarlas, categorizarlas a la manera de la ciencia moderna, sino por respetarlas, darles su espacio, dejar que sean lo que son, sin añadiduras nuestras, y por otro lado, ayudar a los seres humanos a liberarse de ellas, de su influencia perniciosa cuando nos esclavizan, y restituirlas a su verdadero lugar para que cumplan con su función, esa que Suzuki apuntaba al principio de su conferencia: "la capacidad de entendernos con los demás por ese medio". Si la función de las palabras es ayudarnos a entendernos, seguramente deberíamos honrar esa función (y acaso ese deba ser el "propósito noble" de la Filología), cuidando de no esclavizarnos a su poder. Que usemos esa maravillosa herramienta para entendernos, unirnos, cooperar, y no para separar y hacer daño. Es una lección que aún estamos en vías de aprender.

Pero como todo lo que se puede expresar con palabras, todo esto que digo no es más que otra tontería. Una tontería, sin embargo, que creo que es necesario decir, para darse cuenta de que esa esclavitud, de hecho opera y es causa de mucho sufrimiento.

¿Y cómo liberarse de las palabras? Bueno, a ese gran asunto apuntan las palabras del ilustre doctor Suzuki en su conferencia, y en los otros artículos que la acompañan en el libro Budismo Zen (Kairós, 1985), del que he extraído la cita. Un libro a la vez ameno y erudito, profundo y esforzado en su intento por acercar a la curiosa mente occidental del siglo XX, tan enganchada a las palabras y ya despertando a la necesidad de liberarse de ellas, el camino del Zen.

martes, 26 de febrero de 2013

Presencia siempre

«Ego hodie genui te.
Salmo 2

Presencia siempre: presencia
sin pasado ni futuro,
sin la angustia de una espera.
Hoy naciendo y hoy estando.
En el poder que te engendra
todo es ahora y es hoy;
y yo entrego las potencias
que me sostienen y diste
a este Saberte sin tregua.

Conocimiento perpetuo.
¡Ayúdame a que te encienda
en otros entendimientos
ofuscados por la niebla!

Hoy sin ayer ni mañana.
¡Quién sabría, quién supiera
clamarlo hasta los confines
donde pactan cielo y tierra!

Hoy. Ahora. En el momento.
Lo repito y se me llenan
de júbilos nunca sentidos
el alma y la vida entera.

Eternidad comenzada
y vivida. No hay presencia
como la tuya que invade
las más ocultas fronteras.»

Ernestina de Champourcin, Poemas del ser y del estar (1972).

martes, 29 de enero de 2013

Gracias, árboles

Conectando con aquellas impresiones sobre los árboles (de Augusto Pérez en Niebla, la sabiduría de Thich Nhat Hanh y el discurso de Bárbol), un breve texto para sensibilizarnos con esos seres tan increíbles y desconocidos:

«Aun el hombre común, se puede dar cuenta que los árboles son seres extraordinariamente espléndidos con el ser humano. Nos regalan su belleza en el paisaje, nos transmiten tranquilidad y armonía con sólo verlos, nos permiten descansar bajo su sombra, nos alimentan con sus frutos, nos dan cobijo y comodidades con su cuerpo de madera, nos proporcionan el mismo oxígeno que respiramos; mientras nosotros insistimos en contaminar la atmósfera, ellos luchan incansablemente por limpiarla. No obstante, hay mucho más en la conciencia de los árboles, si es que somos capaces de abrirnos a ella.» (Víctor Sánchez, Las enseñanzas de don Carlos, Gaia, p. 245.) 

Comenta el autor, basándose en experiencias relacionadas con prácticas chamánicas, que los árboles son muy afines a los seres humanos, y que el contacto con ellos (con una adecuada actitud de respeto y encuentro con el otro) resulta sumamente curativo y reconfortante.

En la gran tarea que hay por delante para recuperar la cordura y la relación respetuosa con la tierra y el origen, creo que un buen primer paso es dar gracias a los árboles. Hay tantos de ellos a nuestro alcance, aquí en la ciudad, de esos trasnochadores que iluminan sin que nos demos cuenta, ordinariamente, de su presencia. Hay que darles las gracias, y recordarse a menudo que están ahí, ajenos al ajetreo de estas mentes locas (o tal vez sufriéndolo), pero bien presentes, siendo, dando ejemplo de cómo vivir: sin fingir ser otra cosa que lo que son, dándose, brillando desde dentro, amando.

lunes, 21 de enero de 2013

Revolución interior

Dos textos entresacados de Una llamada al amor, de Anthony de Mello (Sal Terrae, 1991), a propósito de esa "programación" mental que nos tiene totalmente condicionados, privándonos de nuestra genuina libertad, y por tanto de la verdadera felicidad. Ambos me llamaron la atención por tocar la palabra revolución desde un punto de vista muy diferente del usual:

«De lo que necesitas ser liberado es de la opresión de tu "programa". Sólo así podrás experimentar la libertad interior que está en el origen de toda revolución social, porque esa intensísima emoción, esa pasión que brota en tu corazón a la vista de los males sociales y te impulsa a la acción, tendrá su origen en la realidad, no en tu "programa" ni en tu ego.» (p. 22)

Hoy en día se vuelve a hablar mucho de revolución, dado el ambiente opresivo que estamos viviendo, ahora que el sistema capitalista, condenado al derrumbe inminente, da sus últimos coletazos, quitándose la careta y multiplicando el sufrimiento que viene produciendo desde hace tanto tiempo. El punto de vista que aporta Anthony de Mello aquí me parece fundamental para que todo esfuerzo revolucionario tenga garantía de ser eficaz: no partir tanto de los esquemas mentales o ideológicos, como de la libertad interior de la programación cultural y del ego. ¿Cómo llegar a ese punto de libertad? Bueno, de eso trata el libro. El autor da muchos consejos en ese sentido, y muy buenos para la reflexión y la introspección, creo yo. También nos pinta muy detalladamente nuestra situación vital de esclavitud, a veces muy duramente, como en la otra cita a la que me refería, en la que volvemos a la imagen de la revolución:

«Reconoce que estás encerrado entre los muros de una prisión y que tu mente se ha quedado dormida. A la mayoría de las personas ni siquiera se les ocurre verlo, por lo que viven y mueren "encarceladas". Y la mayoría también acaba siendo conformista y adaptándose a la vida de dicha prisión. Algunos salen "reformadores" y luchan por unas mejores condiciones de vida en la prisión: una mejor iluminación, una mejor ventilación... Y casi nadie se decide a ser un rebelde, un revolucionario que eche abajo los muros de la prisión. Sólo podrás ser revolucionario cuando consigas ver, antes que nada, dichos muros.» (p. 49)

Dado que el mundo es un reflejo de la conciencia o, dicho de otra forma, dado que el hombre crea el ambiente, seguro que será bueno que nos apliquemos a "ver los muros de la prisión" y a derribarlos, primero de todo, en nuestra propia mente y en nuestra propia experiencia. Una revolución que empiece en metanoia, en la propia transformación, en la conversión del corazón, en la recuperación de la libertad y la liberación de la programación, será una revolución imparable.

domingo, 6 de enero de 2013

El hombre crea el ambiente

Una cita procedente del ámbito islámico:

«No sólo nuestras alegrías y pesares no son más que falsas sensaciones sugeridas por antiguas costumbres ancestrales, sino que son las mismas convenciones sensoriales de los hombres que le han conferido a la materia el aspecto que hoy día posee. No es que el ambiente haya creado al hombre: en realidad es el hombre que ha creado el ambiente con una especie de cristalización exterior del contenido de su conciencia…» (‘Abdul-Hâdî, Páginas dedicadas al sol [vía Baldanders]).

Leí la misma idea en su día a Guénon, y también en boca de don Juan, en los libros de Castaneda, y creo que tiene relación con el tema de la realidad consensuada: la sociedad determina de común acuerdo la realidad que perciben sus miembros, en un esfuerzo agotador que les deja sin apenas energía para percibir una realidad más amplia. Puede que este asunto tenga que ver con el concepto guénoniano de la solidificación progresiva del mundo.

Pero quedándonos con la cita del sufí sueco (también llamado Ivan Aguéli), me recuerda mucho a esto otro que dice, con un lenguaje diferente, Eckhart Tolle, refiriéndose a las profecías tradicionales sobre "un nuevo cielo y una nueva tierra":

«Aquí tenemos que comprender que el cielo no es un lugar físico, sino que se refiere al reino interior de la conciencia. Este es el significado esotérico de la palabra, y también es el significado que tiene en las enseñanzas de Jesús. La tierra, por su parte, es la manifestación externa con forma, que siempre es un reflejo de lo interior. La conciencia humana colectiva y la vida en nuestro planeta están intrínsecamente conectadas. "Un nuevo cielo" es la emergencia de un estado transformado de la conciencia humana, y "una nueva tierra" es su reflejo en el plano físico. Como la vida humana y la conciencia humana son intrínsecamente una unidad con la vida del planeta, cuando la vieja conciencia se disuelva tendrá que haber trastornos naturales geográficos y climáticos, sincrónicos en muchas partes del planeta, y ya estamos presenciando algunos de ellos.» (Eckhart Tolle, Un nuevo mundo, ahora, cap. 1).

No sé en qué medida estas dos citas expresan la misma realidad, pero creo que van a lo mismo. Si bien es verdad que Tolle no habla de los cambios que hubiera podido haber en el pasado en ese sentido, me parece que lo que dice sobre la influencia en el ámbito físico del cambio de conciencia que se está empezando a producir hoy sería aplicable también a otros momentos de la historia.

Es cierto que ahí entramos en el terreno de la especulación, puesto que seguramente no tenemos pruebas válidas para el pensamiento racional, y puede ser un terreno fértil para la fantasía. Pero, aunque es una noción que resulta muy extraña al pensamiento moderno, parece formar parte de la sabiduría común a las diversas tradiciones espirituales. Me parece que es de esas cosas que quedan fuera de la estrecha comprensión de la conciencia mental-racional y se clarifican desde un punto de vista integral. De todos modos, seguramente verificarlo no es una tarea de las más acuciantes, no lo sé.

Sin irse demasiado lejos (aunque puede ser un tema apasionante, si uno se atreve a poner entre paréntesis las convenciones de la cultura científica), uno puede quedarse con un mensaje sencillo: mi mirada configura mi experiencia vital; el mundo refleja la conciencia, las vivencias externas responden en el fondo a las expectativas íntimas. Es fácil (o no tan fácil, según) ver esto respecto a lo personal, lo individual, mediante la introspección.

¿Y a nivel macrocósmico? Que el mundo está cambiando lo puede ver cualquiera. Que esos cambios (y los venideros, sean más espectaculares, o no) responden a un cambio de conciencia de la humanidad, se diga con el lenguaje que se prefiera, será algo que ya iremos comprobando, seguro.

viernes, 4 de enero de 2013

retorno

Después de abrir tres nuevos blogs durante el año pasado (Dreamfolk, Bajoscuro, Una hoja vacía), que contenían respectivamente las nuevas entradas que escribía sobre música, creación literaria y reflexión; después de cerrar el segundo y el tercero y reunirlo todo en Dreamfolk; al final, he vuelto a separar los contenidos y he continuado Bajoscuro; y he optado por recuperar Candelero y archivar aquí las entradas de Una hoja vacía (me ha parecido lo más natural y lo más práctico, después de todo).

Resumiendo:

Candelero: diario de lectura y reflexión. Lo que publiqué en Una hoja vacía, ahora está aquí. Y continuará actualizándose, supongo.

Bajoscuro: laboratorio de creación diversión literaria. Cuentos, poemas, etc.

Dreamfolk: reseñas de música (y sobre todo, prácticas de traducción al inglés :) )

Estas son las nuevas entradas que he traído desde Una hoja vacía:

"Carta abierta a un amigo: Sobre Origen y presente"
"Origen y presente: Prefacio"
"El séptimo sello"
"El asunto de la muerte"
"Notas sobre Carrie"
"Siete razones para la lucha social"
"Interpretar los sueños"
"Pasar por adultos"

Es un buen momento (como otro cualquiera), pero uno curioso, ahora que casi nadie lee blogs, sobre todo de los pequeñitos como este. (Me incluyo: leo muy poco blogs, aunque aún sigo a unos pocos conocidos.) Se nota poca o ninguna actividad en algunos de los que seguía cuando esto estaba más animado: la añorada Mítica de Toni (cuyos poemas se pueden leer sin embargo en Carmina Inconclusa y en Sonja la Roja), Pensamientos de un caósofo de Pola (que de vez en cuando escribe algo en su espacio compartido Nekámu), Baldanders de Mahatma, Imaginatio Vera y algunos otros. Hernán sigue actualizando con un ritmo menor pero con igual calidad en Esperando nacer, y lo mismo Hiniare en La mano blanca de la luna. Pseudópodo sigue bastante activo. Hay otras nuevas bitácoras que he descubierto hace poco, muy interesantes: Phantastika, Camino a Gaia, Fractales, Fragmentalia. Pero en general los blogs están de capa caída, sí. ¿Por qué será?

martes, 4 de diciembre de 2012

Pasar por adultos

«Cuando dejamos la infancia y entramos en el mundo de los adultos, se nos exigió que dejáramos de ser auténticos hasta cierto punto. Hablando de forma sencilla, aprendimos a decir "no" cuando queríamos decir "sí" y "sí" cuando queríamos decir "no". Un adulto es, dicho en pocas palabras, un niño en resistencia. Para pasar por adultos, tenemos que estar resistiéndonos constantemente a ser auténticos. Somos por naturaleza seres espontáneos, alegres y creativos, por lo que cualquier otro estado del ser que representemos no será auténtico. Será un drama y, qué duda cabe, resistencia. Para cuando estamos ya bien adentrados en la experiencia de la edad adulta, somos tan competentes en no ser auténticos que identificamos el estado de pretensión y apariencia como de comportamiento normal. Todos hemos escuchado decir a los niños: "Vamos a fingir que somos...", o: "Vamos a simular que somos...". Lo que en realidad están diciendo es: "Vamos a ser como los adultos".»

Del libro El Proceso de la Presencia, de Michael Brown.

martes, 13 de noviembre de 2012

Siete razones para la lucha social

¿Por qué luchar, por qué salir a la calle, por qué manifestarse? Siete posibles razones:
  • Porque yo soy el único responsable de la calidad de mi experiencia vital.
  • Porque la unión hace la fuerza.
  • Porque tu dolor es mi dolor.
  • Por que no se nos olvide que somos comunidad.
  • Porque unos pocos inconscientes quieren imponer la distopía.
  • Por salud: dejar que el corazón hable es bueno y saludable.
  • Por el karma: el mundo de mañana será según los actos del presente.
Si sirve o no sirve, ya lo veremos. Ahora, lo único que importa es este paso que ahora toca libremente dar, según dicte el corazón.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Notas sobre Carrie

Cuánto tiempo sin actualizar este blog. Si espero a tener el tiempo necesario para ponerme a escribir una entrada con la calma y dedicación que me gustaría, pueden seguir pasando meses y meses. Tampoco pasaría nada, pero basta de preámbulos y al asunto.

Anoche vi Carrie, película dirigida por William Wyler en 1952, que adapta el clásico de la literatura norteamericana Sister Carrie de Theodore Dreiser. Resumiendo, la novela cuenta la historia de una joven (Carrie) que deja a su familia para ir a ganarse la vida en el Chicago de finales del siglo XIX. Tras pasar dificultades en sus intentos por integrarse en el duro mundo laboral de la época, en un determinado momento acepta el dinero de un hombre a quien conoció en el viaje (Drouet). Abandona a los parientes con quienes vivía y se va a vivir con él. Más adelante, conoce a un hombre casado con quien vive un romance (Hurstwood). Eventualmente, se va con él a Nueva York, donde inician una vida de casados que se va deteriorando a la par que la cartera de Hurstwood quien, arruinado e incapaz de encontrar trabajo, es finalmente abandonado por Carrie, quien encuentra su camino en el mundo del espectáculo, convirtiéndose en una estrella, mientras que su marido desciende a la miseria más absoluta.

Eso, resumiendo mucho. Realmente, con eso uno no se puede hacer una idea de la profundidad de la novela y los personajes, pero bastará para empezar a escribir algunas notas que me vienen a la mente tras haber leído la novela y visto la adaptación cinematográfica.

Voy a decirlo de una vez. ¿Cómo puede una novela tan madura, crítica y profunda como la de Dreiser convertirse en una película tan infantil, ñoña y adulterada? Vamos a ver si puedo explicarme, partiendo de ahí.

La novela explora las oscuridades de la sociedad industrial y capitalista, de una incipiente sociedad consumista donde las personas estaban empezando a perder su dignidad natural en pos de esa lucha vacía por adquirir productos y vivir de las apariencias, cuando no se morían de hambre directamente, por no pertenecer a la clase de los privilegiados. Es un análisis afilado y crudo, que muestra lo que hace esa sociedad con las personas, tanto los de arriba, rodeados de lujos y éxito social, como los de abajo, pisoteados y reducidos a la pobreza, expoliados de toda dignidad humana, y cómo uno puede fácilmente pasar de un lado a otro y ser igual de infeliz tanto si tiene mucho como si no tiene nada. Porque el problema está en los valores de esa sociedad, que podríamos resumir en la sentencia: eres lo que tienes. Cuyas consecuencias estamos viviendo hoy a plena potencia.

Ese mensaje brilla por su ausencia en la película. Lo que tenemos ahí es una historia de amor, pero un amor con el azúcar y la ingenuidad de esas películas de la época, de galán y enamorada. Bueno, no tan ingenua, como veremos luego. Aquí, el foco está en el romance entre Carrie y Hurstwood, un romance privado de la oscuridad moral que se ve en la novela. Los personajes del libro son profundamente egoístas. Nada de amor, o muy poquito, muy tapado por las tendencias egoicas. Por debajo de las apariencias, cada uno mira por su propio interés. Carrie quiere medrar en la vida. Drouet quiere tener a Carrie a su servicio indefinidamente. Hurstwood desea seducir a Carrie y acaba totalmente colgado de ella, cegado por la pasión, de manera que acaba renunciando a su matrimonio y su familia, a su trabajo, a su posición social, a todo. Pero ojo, no por amor. Lo que Hurstwood siente, y está muy claro en la novela, es un deseo creciente que le nubla el juicio hasta el punto de tirarlo todo por la borda y, lo que es más importante, de mentir a Carrie una y otra vez. Hurstwood nos demuestra sobradamente que no tiene escrúpulos a la hora de conseguir lo que quiere. No ve a Carrie, sino un medio para conseguir su objetivo, que es gozar de sus favores, sólo que poco a poco se va enamorando hasta el punto de perder el control y quedar a merced de sus propias pasiones. Le promete que se casará con ella estando ya casado, y la engaña con la mentira de que Drouet ha tenido un accidente, para que se vaya con él a Nueva York. De hecho, es un secuestro en toda regla, lo que comete el bueno de Hurstwood, después de robar una alta suma de dinero en su trabajo (empujado por el destino o la fatalidad, eso sí). Carrie se indigna mucho al principio, cuando se entera la pobre de que no están montados en el tren para ir a ver a su pareja al hospital, pero no le dura mucho la indignación, exactamente hasta que cae en la cuenta de que puede estar bien eso de mudarse a Nueva York, pasar de ser la amante del frívolo Drouet a ser la señora del que ella piensa, engañada, que es aún un caballero rico y pudiente, que le podrá comprar muchas cosas y ayudar a acceder a la alta sociedad. Carrie es una mantenida. Le gusta. En fin, tampoco la vamos a criticar excesivamente por eso, porque supongo que en su época no era tan raro, sobre todo si no se pertenecía a la clase obrera explotada. Además, como Dreiser ve muy bien, Carrie es una joven, en principio bastante inocente, que cae víctima de la sociedad consumista en contacto con los valores viciados del mundo urbano, igual que todos los demás.

¿Qué pasa en la película? Carrie y Hurstwood se enamoran desde el principio y lo hacen todo por amor, por ese "amor" romántico y adolescente, ñoño en definitiva, que al parecer debía de vender muchas entradas. Lo que más me choca es cómo Hurstwood es presentado como un caballero intachable, que se ve obligado a dejarlo todo por su tierno amor por la desamparada e inocente Carrie. De hecho, no tan desamparada según la peli, ya que en la manera de mostrar su relación asistimos, boquiabiertos, a ese mensaje no tan ingenuo al que hice alusión más arriba. En la película, atención, Carrie tiene la culpa de que Hurstwood, ese respetable varón que cometió un pequeño desliz, lo haya perdido todo. Carrie, suponemos que con sus artimañas de mujer, es la responsable de que el pobre Hurstwood se viera obligado a robar por amor, y de que acabe convirtiéndose en un mendigo. Así lo admite ella al final de la película, donde por lo demás el guión se toma la libertad de redimir a la pecadora Carrie adjudicándole el deseo de volver con Hurstwood cuando acude a ella por unas monedas. Por favor. El mensaje patriarcal, machista, misógino incluso, de la película, contrasta fuertemente con el profundo análisis que Dreiser hace de las relaciones entre hombre y mujer, en el que ambas partes viven, de una manera u otra, en una relación de dependencia.

Son muchas las libertades que se toma la película. Hay nuevos personajes de relleno, algunas veces rozando el ridículo (el perrito de Carrie, ejem), y nuevas escenas, o escenas cambiadas para reflejar la nueva orientación de la historia. Veamos un ejemplo que me llamó mucho la atención.

Cuando Carrie abandona a Hurstwood, en la novela, lo hace porque está cansada de mantenerle y de la vida gris en que se ha convertido su matrimonio, y sobre todo porque quiere gastar el dinero que gana como actriz en comprarse cosas. Nunca le quiso, en realidad. Esta es la nota que le deja:

"Dear George, I'm going away, I'm not coming back any more. It's no use trying to keep up the flat; I can't do it. I wouldn't mind helping you, if I could, but I can't support us both, and pay the rent. I need what little I make to pay for my clothes. I'm leaving twenty dollars. It's all I have just now. You can do whatever you like with the furniture. I won't want it.-Carrie." (Oxford, p. 400)

Bien. Y ahora veamos qué pasa en la película. Hurstwood va a ir a ver a su hijo, del cual ha leído en la prensa que viene a Nueva York. Carrie se siente afrentada y, en consecuencia (aunque inexplicablemente), le abandona. Esta es la nota de despedida, versión fílmica:

"Good bye George. You will be happier with your son. I was not good for you. Carrie."

Esta diferencia entre ambos textos muestra bien claro el contraste del que hablamos. La cosa queda reducida a una simple afrenta amorosa típica de relación adolescente.

Son dos historias bien diferentes, la de la novela y la de la película. Bajo mi punto de vista, la segunda no hace justicia a la primera, hasta el punto de que tiene muy poco que ver con la de Dreiser. No entro en las virtudes que pueda tener como película, en su género, en el contexto de su época, en cuanto a la interpretación de los actores, etc. Sólo me he preocupado de valorarla en comparación con la novela, por supuesto de una manera parcial, simplificada y limitada por la perspectiva, el tiempo y otras circunstancias. A pesar de todo, me parece un contrapunto interesante (e incluso divertido) a la lectura del libro. Daría para reflexionar y discutir mucho más.

martes, 10 de abril de 2012

El asunto de la muerte

Después de leer el texto de Thomas Merton sobre la muerte que Hernán colgó en su blog, creo que se me han aclarado algunas cosas sobre lo del otro día, el asunto de la muerte en El séptimo sello. (Se trata de una cita de Conjeturas de un espectador culpable.) Dice:

"En el corazón de la fe cristiana está la convicción de que, cuando se acepta la muerte en un espíritu de fe, y cuando la vida entera está orientada a la entrega de sí misma, de modo que al final uno la devuelva alegre y libremente en manos de Dios el Creador y Redentor, entonces la muerte se transforma en un logro. Uno vence a la muerte con el amor; no con la propia virtud heroica de uno mismo, sino tomando parte en ese amor con que Cristo aceptó la muerte en la Cruz."

Esto me hizo pensar en el "consumatus est" de la mujer silenciosa. Me sonaba al Evangelio y buscando un poquito encontré que claro, son las últimas palabras de Jesús en la cruz, en el Evangelio de Juan: "Todo está cumplido" (Jn 19, 30). A la vista de esto, puedo interpretar que la mujer silenciosa devuelve la vida alegre y libremente porque ha llegado el momento y, de esa manera, la muerte se transforma en una victoria (o un acto de amor), en lugar del final angustioso que es para el caballero, cuya preocupación única es lo que le espera después. Él busca seguridades porque no quiere acabarse; ella no busca nada, se entrega, superando su miedo a desaparecer, olvidándose de sí misma.

Si la cosa es así, que no lo sé, se podría decir que la película es profundamente religiosa, pese a las apariencias. En todo caso, permite esa lectura y esa reflexión y, definitivamente, da para profundizar muchísimo más. Pero, volviendo al texto de Merton, la cosa se podría resumir en esto:

"Pero, una vez más, la fe cristiana no pretende responder a la pregunta '¿Qué pasa después de la muerte?' Más bien contesta a la pregunta: ¿qué es la muerte? ¿Qué significa la muerte, en mi existencia, ahora?"

Así que, parece, todos podemos ser el caballero o la mujer. A nosotros nos toca elegir entre luchar o aceptar, ahora, es decir en cada momento. ¿Cuál es mi actitud ante la presencia de la muerte en mi vida, ahora? Esto es un asunto para la reflexión privada de cada cual. Lo que no quita para que anote aquí algunas ideas que me vienen, de algunos autores.

Ahí está, siempre unos pasos por detrás, como decía el don Juan de Castaneda, y un día te tocará en el hombro. Es una amiga, o habría que verla como una amiga, creo yo, porque su presencia es maestra. También el miedo a ella es maestro. Para Neil Gaiman, la Muerte no te juzga, sólo te acompaña, te quiere y te comprende, te acepta como eres y, cuando la veas al final, la reconocerás y recordarás que tú también la amas. Esto lo plasmó con gran sensibilidad en The Sandman y en las dos series de Muerte. Para don Juan, en su lenguaje, vivir conscientemente la realidad de la muerte es vivir como guerrero. En cristiano, es justo lo contrario, abandonar toda lucha; pero creo que se trata de lo mismo, en el fondo. Vivir teniendo en cuenta la muerte, no fingiendo que no está. La "carne" es débil, sin embargo, y se esfuerza por cerrar los ojos, huir. Pero todo pasa deprisa, y no hay tregua. El asunto de la muerte está ahí, lo miremos o no.