viernes 22 de mayo de 2009

La gran riqueza de dar

«¡Darme, darte, darnos, darse!
No cerrar nunca las manos.
No se agotarán las dichas,
ni los besos, ni los años,
si no las cierras. ¿No sientes
la gran riqueza de dar?
La vida
nos la ganaremos siempre,
entregándome, entregándote.»


Pedro Salinas, Razón de amor, vv. 1922-1930.

sábado 21 de marzo de 2009

Propongo

No vivamos la vida como lucha, sino como juego.

viernes 20 de marzo de 2009

Recomendaciones

• Leer este artículo: "Positivar la crisis", de Jordi Pigem, en La Vanguardia. Creo que es lo más lúcido y profundo que he leído sobre la crisis económica y lo que hay detrás: según el autor, una crisis de percepción.

• Ver esta película: Cerezos en flor, de Doris Dorrië, a ser posible en el cine, antes de que desaparezca de las carteleras. Preciosa, sensible e inteligente.

• Leer este libro: Un nuevo mundo, ahora, de Eckhart Tolle. Con un lenguaje actual y asequible para todo el mundo –y en sintonía con la sabiduría tradicional–, desenmascara de manera efectiva las estructuras y el funcionamiento del ego humano. Hay (y circula por la red) una conferencia que el autor dio en Barcelona, también recomendable, a raíz de El poder del ahora, su anterior libro; se puede ver una buena muestra en Youtube.

lunes 16 de marzo de 2009

Dos cosas

1) "Todo tiene un propósito noble". Lo decía en un post anterior. Si admitimos por un momento esas cinco palabras combinadas como soporte provisional para la reflexión, uno se puede preguntar: si es así, ¿dónde está el propósito noble de las armas, de la violencia, de las guerras? Bien, seguramente un renacentista justificaría: "que pues avía de aver malos, buenas fueron [las armas] para defendernos dellos" (Fernán Pérez de Oliva, Diálogo de la dignidad del hombre). Uno, hoy, podría inclinarse a contestar: el propósito noble (el destino) de las armas es dejar de usarse, oxidarse; el propósito (el destino) de las guerras y la violencia es acabar; el de los campos de batalla, florecer. Y diría que eso está bien encaminado. Por otro lado, todo esto no es más que un juego de palabras: ¿qué sé yo cuál es el propósito de las cosas? Pero, por seguir con el juego, me parece que sí se puede hablar de un propósito noble del sufrimiento. O, en otras palabras, las líneas argumentales del sueño son múltiples, se nos escapan; pero el auténtico propósito de todo esto es el despertar.

2) Oído el otro día en el autobús, en voz alta y clara y predicadora, inesperadamente, sorprendiendo a la gente: "Jesucristo dice: Fuera de mí, no hay ningún dios que salve". Sin entrar, por supuesto, en las buenas intenciones de esa persona, reflexiono. ¿Qué significa esa frase? Si la entiendo en su sentido profundo, parece perfectamente verídica: fuera de la única realidad, fuera del único viviente (que podemos llamar Cristo, pero también con otras palabras, y ninguna le hará nunca justicia), no hay ni puede haber otra cosa; la salvación viene de ahí, de esa instancia, y sólo de ahí. Bien. Pero ¿qué entiende quien dice la frase? Es importante, sobre todo, para él. Porque uno también puede entender lo que quiera entender, por ejemplo: "Nuestro dios es el único dios que salva", lo que equivale a decir: "nuestra religión es la única verdadera; por tanto, los demás están equivocados". Parece peligroso: ¿quién habla ahí? Aquí, no desentonaría quizás aquello que decía Hernán de Esperando nacer el otro día: "Todos nuestros planes merecen frustrarse", es decir –interpreto–: mientras sean los planes interesados de un ego (individual o colectivo), en lugar de un abandono en alas del viento que sopla donde quiere. En cualquier caso, no hay que subestimar el efecto que determinadas frases, caladas o no por quien las dice, pueden tener en la persona que escucha.

miércoles 11 de marzo de 2009

¡Cuida bien de este día!

Este breve texto abre el Diario de un poeta reciencasado de Juan Ramón Jiménez:

SALUDO DEL ALBA

¡Cuida bien de este día! Este día es la vida, la esencia misma de la vida. En su leve trascurso se encierran todas las realidades y todas las variedades de tu existencia: el goce de crecer, la gloria de la acción y el esplendor de la hermosura.

El día de ayer no es sino un sueño y el de mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. ¡Cuida bien, pues, de este día!

(Del sánscrito.)


Me dicen que nadie sabe si el texto es de Juan Ramón o de otra fuente, por lo que supongo que podemos interpretar la referencia al sánscrito como una señal que apunta vagamente al saber hindú o budista, a alguna lectura que el poeta habría hecho suya, devolviéndola al mundo en su bella prosa.

Empezaba a haber curiosidad por la sabiduría oriental desde los años 50 del siglo XIX. Eran los años de las malinterpretaciones de los primeros orientalistas y los teosofistas. Cierto modernismo estuvo vinculado al mundo del teosofismo*. Por otro lado, Juan Ramón había traducido a Tagore, y tuvo en Nueva York un encuentro con Ananda K. Coomaraswamy, como vimos (aunque no me consta que fuera algo más que un encuentro casual). En cualquier caso, es claro que tenía un interés más o menos profundo por lo oriental, como era natural en un intelectual de su tiempo, y seguramente en función de eso hay que ver el "Saludo del alba".

Lo cierto es que el texto me suena tradicional y modernista a la vez, y puedo conectar con él desde las dos perspectivas, una más espiritual y la otra más vitalista, por decirlo de algún modo; seguramente, es una distinción vana. Tiene algo de la luz de la sabiduría tradicional, y algo del color del modernismo, todo mezclado. Verdaderamente, el consejo de Juan Ramón es un buen consejo. Cada día es la vida entera. Despertar cada mañana es como nacer a un nuevo día, y dormir es como un morir y un adentrarse en la tiniebla de lo ignoto. Está ahí de algún modo también el carpe diem latino, pues en el fondo la espiritualidad se trata de lo mismo en todas partes: vive el momento presente, aprovecha el día, vive cada instante con plenitud, abierto, despierto a la belleza que hay en todo. El pasado y el futuro no existen sino en la mente, pero vivir en el presente –viene a decir quizá más con un sentido poético Juan Ramón– ilumina pasado y futuro. El poeta lo dice con una palabra tierna, amorosa: cuidar. Cuidar de este día es cuidar de nosotros y de todo; es vivir con respeto ante todo. ¡Cuidemos bien de este día! Porque es, de hecho, el único día que hay.

[*]: Unas palabras sobre el teosofismo. René Guénon analizó, denunció, desenmascaró este movimiento pseudorreligioso nacido en el siglo XIX en El teosofismo: historia de una pseudorreligión. La valoración de Guénon es claramente negativa: señala, entre otras cosas, que los teosofistas hicieron una lectura de las doctrinas orientales falsa, desnaturalizada, distorsionada. El análisis de Guénon parece lúcido, profundo y minucioso, ceñido a una lectura rigurosa de los textos tradicionales. Sin embargo, creo que no es conveniente quedarse en una lectura exclusivamente negativa de los acontecimientos. El propio Guénon reconocía que no todo era fraude, que algunos teosofistas habían tenido una intención honesta, y eso, me parece, es un dato importante: la intención tiene quizás una importancia acaso más grande de lo que solemos juzgar. En todo caso, el Espíritu sabe muy bien lo que hace, y nuestros juicios no son más que eso: juicios humanos y contingentes. La venida de Oriente a Occidente es un hecho importantísimo, trascendental. De que el teosofismo fue, en parte, un intento de ese acercamiento, creo que no hay duda. Que fue un intento precario, torpe y poco serio, probablemente contaminado desde el principio por la malinterpretación de ideas tradicionales e incluso por el fraude, parece claro. Pero nada es blanco ni negro y todo tiene su lugar. Por ejemplo: posiblemente y en parte debido a aquello, el propio René Guénon y Ananda K. Coomaraswamy, entre otros, comenzaron un trabajo de estudio y difusión de las doctrinas tradicionales desde una perspectiva más seria. Y sin duda en aquella confusión de nuevos espiritualismos había ideas interesantes y, desde luego, legítimas en sí. En fin, el entramado de las cosas, las relaciones entre los acontecimientos, se nos escapan. El Espíritu sabe muy bien, sin duda, las vueltas que tiene que dar la historia, y la función de cada cosa en el todo.

miércoles 4 de marzo de 2009

Puntuar

Últimamente, en internet, todo se puede puntuar. Discos, libros, artículos, noticias, opiniones... Todo se somete a la puntuación democrática del público, que para eso somos ciudadanos, inteligentes, y libres, para puntuar las cosas del 1 al 10... Es una de las mejoras sociales de la red, como el etiquetado, el exhibicionismo del ego o las listas de cosas favoritas.

(Nada hay malo en sí, por otra parte, y a todo se le puede dar un giro creativo, pues todo tiene un propósito noble, que espera oculto a que alguien lo desvele... me parece.)

Hay algo en nosotros que se siente muy a gusto puntuando. Qué placer siente eso cuando su valoración de la realidad queda inmortalizada (o eso le parece) en el cambiante juego de luces de la pantalla, eso tan efímero. Es la vieja manzana del árbol, el "me gusta" y el "no me gusta" del niño, con ínfulas intelectuales a veces. Eso que en nosotros disfruta etiquetando, fotografiando, separándonos de las cosas, poniéndonos las cadenas, eso ha encontrado en internet un espacio de proyección de ensueño (por su aparente falta de límites materiales). Como el pez en su red.

(Actualización: No hagamos concesiones a la negatividad. Hay que señalar que el asunto del puntuar, pese a conllevar un importante componente de ilusión y falsedad, puede tener su utilidad en ciertos contextos, para orientarse por la opinión de una mayoría en determinada búsqueda concreta en una bibliografía o una discografía, por ejemplo. Es cierto que las estadísticas son una construcción mental, artificial, pero pueden resultar útiles en función de algo. Y, además, en mano de cada uno está el uso que hace de las cosas. Lo importante, como siempre, es, me parece, no perder de vista que el mapa no es el territorio.)

miércoles 25 de febrero de 2009

Juan Ramón y el Dr. Coomaraswamy

Una curiosidad. El domingo leía un artículo de Ananda K. Coomaraswamy sobre la psicología tradicional india y el lunes me lo encontré donde no hubiera imaginado encontrarlo: en un libro de poesía de Juan Ramón Jiménez. Aparece, sí, en Diario de un poeta reciencasado (1916). El poeta español lo conoció en Nueva York. Poema «National Arts Club» de la sexta parte. Transcribo datos de varias fuentes, de una nota a pie de página de la edición que uso: «El orientalismo de Juan Ramón y su interés en Tagore les llevaron a asistir a un concierto dado por la cantante india Ratán Deví el 13 de abril en el Princess Theater. La mujer [...] se sentaba en el suelo entre flores de la Pascua y cantaba canciones de su pueblo que su marido, el Dr. Coomaraswamy, explicaba al público. Los Jiménez asistieron a un banquete en honor de la pareja india en el National Arts Club [...] Coomaraswamy nos enseñó la tambora. Estamos contentos»[1].

Aparece, además, en otro texto excluido del Diario. Dice cosas bonitas –poéticas– de Ratan Devi y su cantar, y cuenta la siguiente anécdota:

«Al salir voy a saludar a Ratan Devi y a su Dr., que toman helados con Agripina, la Abuela de las Ninfas [...] Y le ruego que me diga dónde puedo hallar las canciones persas e indias que acaba de cantar. Entonces me ofrece la última línea del programa, que dice: "The numbers following title song indicate the location of song in Book of Words". Y se va del brazo de la mujer de Rubens [...] Y el indio compañero de Francis Thompson, las manos entre las piernas, se reía, doblado, como un niño.»[2]


No se me ocurre por qué llama a A. K. Coomaraswamy «compañero de Francis Thompson» pero, según nota del editor, este poeta inglés (1859-1907) describe, en su principal obra, The Hound of Heaven, «la búsqueda de Dios por el hombre»[3], búsqueda que no resulta por cierto ajena al autor indio, aunque el campo de escritura de éste no fuera la poesía sino los estudios tradicionales. (Descubro por la Wikipedia, un poco sorprendido de tanta coincidencia de nombres cercanos, que este poeta fue reconocido como una importante influencia literaria por... Tolkien.) Pero lo que más me llama la atención es la imagen que da Juan Ramón del indio que, «las manos entre las piernas, se reía, doblado, como un niño». No es algo que uno esperaría normalmente de un hombre de su erudición; aunque ya sabemos, claro, que aquel indio no era exactamente (o no sólo) un erudito. Parece una persona agradable, el Dr. Coomaraswamy, en el breve retrato –fugaz pero brillante– de Juan Ramón.

Ha sido un poco como un cruce entre dos mundos familiares, o como ver de pronto una fotografía viejísima de un conocido con el que charlas de vez en cuando.

[1]: Juan Ramón Jiménez, Diario de un poeta reciencasado (1916) (ed. de Michael P. Predmore), Cátedra, Madrid, 2001, p. 279, nota 239.
[2]: Íbid., p. 344.
[3]: Íbid., p. 155, nota 35.

martes 24 de febrero de 2009

Más que nosotros mismos

«Y tenemos la doctrina de no buscar la divinidad fuera de nosotros, teniéndola junto a nosotros, qué digo, dentro, más que nosotros mismos estamos dentro de nosotros.»


Palabras de Giordano Bruno, La cena de las cenizas [visto en Baldanders]. Me recuerda a esto otro:

«Estoy más cerca de ti
que tú mismo,
más que tu alma,
más que tu aliento.»


Palabras que dice el Señor en un poema de Ibn ‘Arabi. «Nadie es más íntimo que Yo», dice otro verso del mismo poema.

viernes 20 de febrero de 2009

Publicidad y sociedad de consumo

Hace tiempo escribí aquí algo sobre "publicidad sin respeto", deteniéndome en una cita de un texto de Pragmática donde se explicaba que la "identificación del consumidor potencial con un estereotipo" es la base de la publicidad actual. El siguiente texto de Eckhart Tolle clarifica mucho las cosas a ese respecto:


«Los de la industria de la publicidad saben muy bien que, para vender cosas que la gente en realidad no necesita, deben convencerla de que esas cosas añadirán algo al modo en que se ven a sí mismos o a cómo son vistos por los demás; en otras palabras, que añaden algo a su sentido del yo. Esto lo hacen, por ejemplo, diciéndote que usando tal producto destacarás de la multitud y, en consecuencia, serás más tú mismo. O pueden crear en tu mente una asociación entre el producto y una persona famosa, o una persona juvenil, atractiva o con aspecto de ser feliz. Hasta las imágenes de antiguas celebridades en sus mejores momentos sirven para este propósito. La suposición tácita es que, por algún acto mágico de apropiación, al comprar ese producto te vuelves como ellos, o más bien como su imagen superficial. Y así, en muchos casos, no estás comprando un producto sino un "realzador de la identidad". Las marcas son, básicamente, identidades colectivas a las que te incorporas pagando. Son caras y, por lo tanto, "exclusivas". Si todo el mundo pudiera comprarlas, perderían su valor psicológico y no quedaría más que su valor material, que probablemente es solo una fracción de lo que pagaste.»*


Pero la publicidad es sólo un aspecto de algo más grande: la sociedad de consumo, que igualmente tiene su base en la identificación con la forma. Es una sociedad muy basada en la disfunción egoica:

«Paradójicamente, lo que mantiene en marcha la llamada "sociedad de consumo" es el hecho de que intentar encontrarte a ti mismo a través de las cosas no funciona. La satisfacción del ego dura poco, y tú sigues buscando más, comprando, consumiendo. [...] La identificación del ego con las cosas crea apego a las cosas, obsesión por las cosas, lo que a su vez crea nuestra sociedad de consumo y sus estructuras económicas, donde la única medida del progreso es siempre más. La búsqueda descontrolada de más, de crecimiento infinito, es una disfunción y una enfermedad.»*

[*]: Eckhart Tolle, Un nuevo mundo, ahora (2005), cap. 2.

domingo 15 de febrero de 2009

Pecado

«Según las enseñanzas cristianas, el estado colectivo normal de la humanidad es el del "pecado original". Pecado es una palabra que se ha malentendido y malinterpretado muchísimo. Traducida directamente del griego antiguo en el que está escrito el Nuevo Testamento, pecar significa fallar en un objetivo, como un arquero que no da en el blanco, de modo que pecar significa no acertar con el sentido de la existencia humana. Significa vivir torpemente, ciegamente, y como consecuencia sufrir y causar sufrimientos. Una vez más, la palabra, despojada de su bagaje cultural y sus malas interpretaciones, señala la disfunción inherente en la condición humana.»

Eckhart Tolle, Un nuevo mundo, ahora (2005), cap. 1.


Considerar el pecado de esta manera, en su sentido original, puede reducir, creo, el drama que conlleva el sentimiento de culpa, tan arraigado en Occidente, que puede tener su lugar si lleva al arrepentimiento, pero que en una versión desproporcionada te puede bloquear incapacitándote para resolver el problema.

El autor relaciona la concepción judeocristiana del pecado original con la hindú de maya (el velo del engaño) y la budista de la mente que genera dukkha (sufrimiento, insatisfacción o desdicha). Todo apunta a la misma disfunción: el ego.